Un perro de la antigua Gades vuelve a la vida dos mil años después
El hallazgo de una mandíbula en el Testaccio de Gades permite reconstruir cómo pudo ser uno de los animales que acompañaron a los gaditanos en época romana
Todo empieza con unos dientes asomando entre la tierra. Lo que parece un pequeño fragmento de hueso es, en realidad, la mandíbula de un perro que vivió en la antigua Gades hace casi dos mil años. A partir de ese hallazgo, el pasado cobra forma: primero el esqueleto, después la recreación de un animal muy parecido a cualquiera de los que hoy pasean por las calles de Cádiz.
El descubrimiento se ha realizado en el conocido como Testaccio de Gades, un gran vertedero de época romana situado en el edificio El Olivillo. Allí, entre restos de púrpura, pinturas, utensilios cotidianos y desechos de la industria pesquera, han aparecido también vestigios de animales que convivieron con los habitantes de la ciudad.
De momento solo se conserva un fragmento de la mandíbula inferior derecha, por lo que es imposible determinar con exactitud de qué raza se trataba o cómo murió. Los arqueólogos creen que podría parecerse a un podenco, aunque han preferido recrearlo como un perro mestizo, “un chucho de toda la vida”, para reflejar una imagen cercana y reconocible.
Lejos de tratarse de un cementerio de animales, todo apunta a que los restos llegaron hasta este punto de forma accidental, tras ser desplazados desde otro lugar.
Más allá de su valor arqueológico, este hallazgo revela una escena muy cotidiana y cercana: hace dos mil años, los perros ya compartían la vida de los habitantes de Gades. Vigilaban, acompañaban y, como ocurre hoy, ocupaban un lugar especial en muchos hogares.
Juan Miguel Pajuelo, arqueólogo e historiador, lo resume con una idea tan sencilla como reveladora: “Eran tan queridos como los nuestros ahora”. Un pequeño fragmento de mandíbula que, sin cambiar los grandes libros de historia, sí nos acerca a la parte más humana de quienes vivieron en la Cádiz romana.
El equipo continúa estudiando los restos y ha querido implicar a la ciudadanía en esta historia con una curiosa iniciativa en redes sociales: elegir el nombre del perro entre varios nombres romanos. Una forma original de acercar la arqueología al público y de recordar que estos vestigios forman parte del patrimonio y de la memoria colectiva de Cádiz.
Porque la historia no solo se escribe con emperadores, batallas y grandes conquistas. También con pequeños hallazgos como este, capaces de demostrar que, aunque cambien los siglos, hay vínculos que permanecen intactos.
