El cáncer de piel gana terreno y los expertos llaman a no bajar la guardia frente al sol

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El Colegio de Farmacéuticos facilita la autoexploración con espejo dermatológico.
Ana Zambrana

La AECC recuerda que una de cada 290 personas convive con esta enfermedad y llama a protegerse del sol y consultar ante cualquier lesión sospechosa.

Un lunar que cambia de aspecto, una herida que no termina de cerrar o una pequeña mancha que empieza a llamar la atención. Son detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que pueden ser la primera pista de un cáncer de piel.

Con esa idea muy presente, profesionales sanitarios han salido este jueves a la glorieta Ana Orantes de Cádiz para hablar con los ciudadanos de prevención aprovechando el constante ir y venir de personas camino de la playa.

El jefe de Dermatología del Hospital Universitario Puerta del Mar, Mario Linares, ha explicado que no hace falta saber de medicina para sospechar que algo no va bien. Basta con fijarse en aquello que resulta distinto al resto. Si una lesión cambia con el paso del tiempo, pica, sangra o simplemente deja de parecerse a los demás lunares, merece la pena que la vea un profesional. Detectarlo pronto, ha insistido, sigue siendo la mejor herramienta para frenar la enfermedad.

A lo largo de la mañana también se ha hablado de un gesto que parece sencillo, pero que muchas veces se descuida. La crema solar no sirve solo para los días de playa ni basta con aplicarla una vez y olvidarse. Farmacéuticos y enfermeros han recordado que proteger la piel debería formar parte de la rutina diaria, especialmente en una provincia como Cádiz, donde el sol acompaña buena parte del año. 

También han pedido desconfiar de los consejos que circulan por redes sociales cuando no proceden de profesionales sanitarios.

La campaña quiere que ese mensaje vaya mucho más allá del verano. No pretende meter miedo, sino animar a mirar la piel con un poco más de atención y a consultar cuando aparezca cualquier duda. 

Porque, como han repetido durante la jornada, hay enfermedades que empiezan con una señal casi imperceptible y, en esos casos, llegar a tiempo puede cambiarlo todo.