La colección permanente de Vassallo crece con dos nuevas esculturas en la Casa de Iberoamérica

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'Añoranza', una de las dos incorporaciones a la muestra permanente de Vassallo en Cádiz.
Ana Zambrana

‘Añoranza’ y un San José en piedra se incorporan al legado del escultor gaditano gracias a una nueva donación de su familia, reforzando una de las colecciones artísticas mas importantes de la ciudad.

Dos esculturas más ya tienen sitio en la Casa de Iberoamérica.

Añoranza y un San José en piedra se incorporan desde hoy a la exposición permanente de Juan Luis Vassallo, una colección que sigue creciendo gracias a la implicación de su familia. 

El acto ha tenido un marcado carácter emocional, porque cada nueva pieza que llega supone cumplir un poco más el deseo del escultor: que su obra permaneciera para siempre en Cádiz y pudiera ser disfrutada por cualquier persona que cruzara la puerta de esta exposición.

La teniente de alcalde de Cultura, Maite González, ha agradecido a la familia que continúe enriqueciendo este fondo artístico y ha recordado que el Ayuntamiento asumió hace años el compromiso de conservar y dar a conocer la obra de Vassallo. 

Ese compromiso vuelve a tomar forma con estas dos incorporaciones, entre ellas un San José en piedra depositado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que desde ahora pasa a exhibirse en la ciudad.

Ese mismo orgullo lo ha expresado José Manuel Vassallo en nombre de la familia. Ha confesado la alegría que supone comprobar que la obra de su padre no ha dejado de crecer desde la donación realizada al Ayuntamiento y que sigue despertando interés años después. También ha agradecido el esfuerzo realizado para que estas dos esculturas puedan contemplarse ya junto al resto de la colección permanente.

Después llegó el momento de detenerse ante las obras. José Antonio Merino, comisario de la exposición, fue desgranando la historia de cada una de ellas. Del San José recordó el largo camino que recorrió antes de regresar a Cádiz. Y de Añoranza destacó que pertenece a los primeros años en los que Vassallo empezó a trabajar la piedra, además de ser una pieza premiada. 

La escultura representa a una joven que descansa la cabeza sobre sus brazos y demuestra hasta qué punto el artista era capaz de convertir un material tan duro como la piedra en una imagen llena de calma, sensibilidad y ternura.

Una cualidad que explica por qué su obra sigue emocionando décadas después.