Un verano para jugar también puede ser un verano para aprender

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Ludoteca municipal 'Fuego', ubicada en los Depósitos de Tabaco.
Ana Zambrana

La ludoteca municipal reúne a menores de distintas edades en los Depósitos de Tabaco con actividades adaptadas a sus necesidades. El programa Miradas, de esta casa, dedica hoy parte de su contenido a conocer este recurso municipal desde dentro.

Hay niños que el primer día apenas se separan de sus padres. Otros entran corriendo porque ya conocen a las monitoras. Y casi todos acaban igual: preguntando si mañana vuelven otra vez. 

Ese ambiente se repite este verano en la ludoteca municipal de los Depósitos de Tabaco, donde cada mañana una treintena de menores comparte juegos y actividades mientras sus familias disponen de un recurso gratuito para conciliar durante las vacaciones escolares.

La mañana arranca reuniendo a todo el grupo. Antes de empezar a jugar, los niños cuentan cómo están, hablan de lo que han hecho el día anterior y descubren qué les han preparado las monitoras. A partir de ahí no hay un guion cerrado. Si llegan con más energía, las actividades cambian. Si vienen más tranquilos, también se adapta el ritmo. “Siempre intentamos ser flexibles porque cada día es distinto”, explica la técnica de integración social Ana Invernón.

Los juegos tradicionales siguen siendo los que más éxito tienen entre los pequeños. También los circuitos con colchonetas, que se han convertido en uno de los momentos más esperados de la jornada. 

Pero detrás de cada actividad hay un propósito. La ludoteca busca que los niños convivan, ganen confianza y aprendan a relacionarse con naturalidad. Además, el servicio acoge a menores con necesidades educativas especiales, favoreciendo que todos formen parte del grupo y participen en igualdad de condiciones.

Cada quincena se ofertan 30 plazas, diez de ellas reservadas para familias derivadas por los Servicios Sociales. Al tratarse de un servicio gratuito, muchas madres y padres encuentran en esta ludoteca un apoyo para poder seguir trabajando durante el verano con la tranquilidad de que sus hijos permanecen en un entorno seguro y acompañados.

Las monitoras aseguran que el cambio de actitud de muchos niños se aprecia en muy pocos días. Los más tímidos terminan jugando con el resto del grupo y crean vínculos que, en algunos casos, continúan fuera de la ludoteca. De hecho, cuando llega la hora de volver a casa, más de uno intenta alargar la despedida. 

Para quienes trabajan cada día con ellos, esa es la mejor señal de que el verano está dejando mucho más que un rato de juego.