Una ciudad cambia cuando se mira desde una silla de ruedas

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Participantes en la ruta accesible en silla de ruedas
Ana Zambrana

AGADI ha recorrido este martes el barrio de Loreto para poner sobre el terreno las barreras que todavía dificultan los desplazamientos de las personas con movilidad reducida

Hay barreras que pasan desapercibidas cuando caminamos. Un bordillo, un escalón, una acera demasiado estrecha o un rebaje que no existe. Obstáculos cotidianos que, vistos desde una silla de ruedas, pueden convertirse en un recorrido imposible.

Es lo que han querido comprobar este martes en Loreto, en una nueva edición de esta iniciativa de AGADI que cumple ya nueve años y que se desarrolla coincidiendo con la Semana Europea de la Movilidad. La dinámica es sencilla: sentarse en una silla de ruedas y recorrer las calles para experimentar, en primera persona, las dificultades que encuentra quien necesita desplazarse sobre ella.

Este año el escenario ha sido un barrio en el que la asociación lleva tiempo detectando problemas de accesibilidad. Entre ellos, aceras demasiado estrechas y rebajes que no cumplen su función.

Y hay situaciones tan sencillas como atravesar una plazoleta que pueden acabar convirtiéndose en un obstáculo. Puedes bajar de la acera, pero si no existe un rebaje en el lado contrario, volver a subir resulta imposible.

No se trata solo de comodidad. Para una persona con movilidad reducida, una barrera de este tipo puede determinar hasta dónde puede llegar y qué cosas puede hacer con normalidad.

AGADI lleva años elaborando informes y trasladando al Ayuntamiento las deficiencias que detecta en distintos puntos de la ciudad. La asociación insiste en que la discapacidad no está únicamente en la persona, sino también en el entorno que la rodea. Y esa es precisamente la experiencia que hoy ha querido compartir Ramón Bechiarelli, vecino de Loreto y usuario de silla de ruedas.

Porque cuando una calle no está adaptada, el problema deja de ser un simple inconveniente en el camino. Puede significar tener que cambiar de ruta, renunciar a un desplazamiento o directamente no poder continuar.

AGADI recuerda además que la accesibilidad no beneficia únicamente a las personas que utilizan una silla de ruedas de forma permanente. Una ciudad sin barreras facilita también los desplazamientos de personas mayores, de quienes tienen una lesión temporal o de familias que empujan un carrito de bebé.

Nueve años después de aquella primera salida, el objetivo sigue siendo el mismo: que quienes toman decisiones conozcan las dificultades no sobre un plano o en un informe, sino recorriendo las calles y enfrentándose a ellas. Porque para saber si una ciudad es realmente accesible, a veces basta con sentarse y tratar de llegar hasta la siguiente acera.