Semana Santa

Esplendoroso Sábado de Pasión en la ciudad

 Señor de la humillación
Señor de la humillación
Macarena Jiménez

El Señor de la Humillación hace historia en Cádiz, siendo una de las novedades de esta Semana Santa

Esplendoroso Sábado de Pasión en Cádiz, donde las calles del casco histórico han comenzado a llenarse poco a poco de vecinos y visitantes que aguardaban con expectación el inicio de una jornada que, sin ser todavía Semana Santa oficial, marca el latido previo de una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad.

Eran las 17: 19 horas cuando la agrupación musical Ecce Mater interpretaba el himno de España y salía de la Iglesia de la Merced el Nazareno de la Obediencia, que ha sido agasajado en aplausos y una saeta de exaltación al Cristo. El Nazareno ha seguido su estación de penitencia por Plaza de las Canastas, Jesus de la Sentencia, San Juan de Dios, Plaza San Juan de Dios, Pelota, Plaza de la Catedral, Arquitecto Acero, (Estación de Penitencia), Plaza de la Catedral, Compañía, Santiago, Candelaria, Montañés, Palillero, Columela, San Francisco, Nueva, Plaza de San Juan de Dios, San Juan de Dios, Jesús de la Sentencia, Plaza de las Canastas y Merced.

A las 18,35 se producía uno de los momentos más esperados, la salida del Señor de la humillación desde la iglesia de Santiago, siendo una de las novedades más destacadas de la Semana Grande gaditana y que ha procesionado por primera vez precedido de penitentes con túnica morada y capirotes negros.  Hasta el momento, este Cristo salía en parihuela en Vía Crucis y ha estrenado cortejo y paso después de que la Hermandad de Piedad incorporara el pasado año como titular al Señor de la Humillación. Ha continuado su recorrido por Plaza de la Catedral, Arquitecto Acero (Estación de Penitencia), Plaza de la Catedral, Compañía, Santiago, Candelaria, Montañés, Palillero, Novena, Ancha, Sagasta, Cervantes, Gaspar del Pino, San Miguel, Sacramento, Barrié, Plaza de las Flores, Compañía y Plaza de la Catedral.

Así, el Sábado de Pasión se ha convertido en el umbral simbólico de la Semana Santa gaditana, un día en el que la ciudad se prepara, se recoge y se ilusiona. No es aún el clímax de la celebración, pero sí el momento en que Cádiz comienza a vivir, con intensidad renovada, una tradición que forma parte de su identidad.