La comunidad deportiva LGTBI+ Gades suma en medio año más 500 socios del colectivo con el deseo de practicar deporte en libertad
La entidad está fomentando la actividad deportiva de las personas que pertenecen al colectivo y ofrecen un espacio de ocio en donde se puedan seguir seguros y protegidos
La comunidad LGTBI+ ha tenido que vivir durante décadas oculta, pero especialmente en ámbitos como el deporte. Los deportistas debía cumplir unos esterotipos, y quiénes lo practicaban no podía ser gays, lesbianas o ser transexuales. Sin embargo, los tiempos han comenzado a cambiar, a pesar de que aún se sigue señalando a aquellos que, por su condición, practican algún deporte.
Este uno de los motivos que provocó el nacimiento del Gades Comunidad LGTBI+. En febrero, un grupo de hombres y mujeres decidieron ofrecer un espacio seguro donde poder practicar alguna actividad deportiva.
Lo que comenzó siendo un pequeño grupo, en poco menos de 6 meses ha conseguido que más de 500 personas se sumen a esta iniciativa que lo que promueve es realizar deporte, pero siempre en libertad. Sin que el de al lado le juzgue por sus andares o por su forma de andar. Que el que participe no señale a otro por su manera de expresar sus sentimientos o su forma de hablar. Un espacio de tolerancia y de libertad que, como señala su presidente, Javier Rivero, era necesario.
Y es que, a pesar de que la sociedad ha abierto su mentalidad, aún son muchos los que no admiten que los miembros del colectivo puedan participar en un partido de fútbol, compartan una ruta por un sendero o realicen pruebas a nado. Muchos, como señalan desde la comunidad, son reticentes a compartir estos espacios con gays, lesbianas o trans solo por el hecho de su condición sexual.
Esta comunidad, además, no solo fomenta el deporte, sino también los momentos de ocio entre sus miembros. Poder disfrutar de una comida o una tarde entre amigos sin el temor que alguien les insulte o les señale en un restaurante o un pub.
Aunque entienden que a veces la segregación no es la mejor opción, en determinados ámbitos, como el deportivo, aún, "por desgracia", es necesaro, como señala Rivero, porque en el deporte aún no se ha normalizado que todas y todas puedan realizar cualquier actividad sin recibir algún insulto.
Y es que, como comentan, para muchos utilizar adjetivos que definen su colectivo para insultar sigue siendo la práctica habitual, y debería haber más control por parte de los clubes, y más sanciones al público, para evitar estas prácticas que, ya en el siglo XXI, deberían estar eliminadas.
