exposición de cerámica contemporánea: "cardinal"

 exposición de cerámica contemporánea: "cardinal"
Cardinal aúna la fuerza gravitacional de tres artistas yuxtapuestos que mediante un lenguaje común basado en la sangre y el corazón, el folkore y el simbolismo representan tres grandes paradigmas del arte contemporáneo. Josema Vidal permuta en su erotismo queer religioso un giro de tuerca lascivo y provocador de la solemne eucaristía y los secretos íntimos de alcoba. Rafael Chacón se nutre de la naturaleza para narrar sus particulares ensoñaciones arquetípicas, que lidian entre la colorida ingenuidad del candor infantil y la perturbación equidnácea y ctónica del inconsciente lorquiano. Sara Zanini exuda carne e introspección humana a través de su autopsia personal de los órganos de vitruvio mediante una puesta en escena reflexiva y poética de chacinería y religiosidad pop iconográfica. Juntos, espejan una dialéctica transgresora y oriunda del imaginario colectivo andaluz. Mediante el uso reiterado de elementos universales, los artistas logran orientar la acción hacia el contemplativo público, que puede optar por dejarse guiar por su primera impresión o detenerse obnubilados a desgranar los abundantes detalles que perlan de subtexto las obras gráficas particulares y contundentes que recoge la muestra Cardinal. Cuando uno mira al Norte, no lo hace buscando la Osa Mayor, lo hace para encontrarse a sí mismo. Chacón parece sentirse en orientado hacia Cardinal porque sus figuras son guías de ensueño, guardianes solemnes, hieráticos, siempre impertérritos e imperturbables pero a punto de continuar su movimiento. Uno se podría preguntar qué ensimisma tanto en la obra de Rafael Chacón que parece estar hecha de embrujos, momentos atrapados en delicada suspensión que invitan a la observación, el estudio del arte y a mirar con ojos de niño chico. Los caballos cabalgados son siempre una contradicción para Rafael Chacón, un sentir de pareceres opuestos, porque a veces se siente que guía la montura, y a veces, el encasquetado jinete. La fuerte narratividad visceral que desprende Chacón ahonda en sueños vívidos de juventud y coloridas pesadillas pop de cuento de hadas con ramalazos de desafiante inquietud simbólica. No por nada, Chacón sabe cómo encandilar con lo que muestra y enseña, como un avezado cuentacuentos que maneja a sus marionetas sin hilos de sólido inconsciente colectivo. La disparidad y el color son patrimonio de un Chacón que no tiene miedo a desafiar la lógica normativa mientras adula a la naturaleza más freudiana. Sus caballos a veces son geométricos, trencadianos pero gloriosos y feriantes, porque Rafaél Chacón sabe como insuflar vida a un trozo de barro muerto. El zorro, el conejo, el caballo, el ave rapaz y el ser humano son las entidades prometeicas a ras de suelo que Chacón sabe usurpar del imaginario cultural para vestir con la santidad que a su excelencia pertenecen. El simbolismo de Chacón es otro tema a parte, muy característico, íntimo y peculiar pero de gran sentido común. Granadas sangrientas que condenan al averno desfilan en las manos tentadoras de sus brujos grimhildeanos de inocente rostro y truculentas intenciones, mientras sonámbulos de mirada disciplente se intoxican relajadamente en campos de amapolas y hongos alucinógenos. Parece indicar Chacón que la dualidad está en la mano de cada uno, así como su destino o el rumbo cardinal que con el dedo podemos señalar. Así pues y en viceversa, con la diestra se ofrece una ofrenda de vida y con la zurda la arrebata, la mata y la aniquila. Cascadas de colores surgen de los más escatológicos e inimaginables rincones, porque Chacón asume que ninguna piel es sacrosanta de su devoción, y que la farsa polichinélica se debe sazonar con inspiración, temple y rescatando al niño interior. Ese niño que en su inocencia soñaba con imposibles y de adulto los pudo modelar con las manos. Sara Zanini sabe como intimidar a la cerámica con sus corazones marmóleicos y su escatológica descripción hecha carne. Como una cirujana que disecciona con la curiosidad de la niña que desviste muñecas, la carcajeante ironía que Zanini hace gotear sobre sus piezas nos recuerda que nuestra ingeniería interna es tan interesante como la naturaleza contemplativa. Así pues, il grillo saggio que permuta Zanini respira, inhala y exhala, late, y a veces repulsa desde la chacinería expuesta en bandeja de plata. Las moscas y otros insectos revolotean y se posan sobre la carne que no es real sino arte cerámico hiperrealista y se convierte en festín para los contemplantes invitados de piedra porque el discurso de dobles intenciones de Zanini fluye desde la obra inquieta a la vista eurifásica, en forma de introspección hecha exposición y recordatorio del devenir finito. Sara Zanini parece que respira advertencia y arena blanca de reloj, y como una artesana crónica recarga y recuerda, y cubre de oro la enfermedad y el cáncer, que son regalos muy envenenadores para unos y advertencia llena de fatuo sentido para otros. Pero Sara es hermosa en su disposición de las piezas, y así un órgano expuesto se convierte en una arboleda coronada que cubre el suelo con sus particulares hojas resecas mientras un halo de oro amplifica sus virtudes, defectos y el sentido de su naturaleza. Parece decir Zanini con esto, que cada uno le rece al santo que más le oxigene la coronilla, o la carne, o el alma, o lo que sea que le constituya el ser, porque los límites se diluyen y el espectáculo se rumia con feligresía en iglesia de silenciosa galería. Sara Zanini sabe lo que hace cuando coloca al espectador frente a su obra. Se palpa y se siente en la lengua el hedor a sangre fresca, chorreante y coagulante, pero ¡he ahí su trampantojo triquiñuela artística! Las piezas salómonicas enjuician la realidad insípida que nos construye y edifica desde la carne hasta la casquería, y es Zanini quien deconstruye y destroza, como una demiurgo de fino trazo y acertado ojo rapaz, que conoce bien la sangre, la coloca en los alzares y la pinta con cerámico sentimiento. Jose Manuel Vidal personifica la efébica religiosidad queer monacal en el sentir popular de lo íntimo y lo bizarro. Su puesta en acción estética aúna tradicional devocionismo eclesiástico con el cotidiano costumbrismo pop de las escenas sencillas que se zurcen entre primorosos mantos de vírgenes inmaculadas y transgresores macarras en bermudas y estampados floridos. Con esta mezcolanza de equidistantes lenguajes expresionistas, parece querer JoseMa Vidal enseñar en carne viva su púlpito de juventud, la corona de rosas y espinas y el tradicional bordado de perlas y plata. La plasticidad con que Jose Manuel Vidal enfoca su ensoñación artística desafía al relicario y resuena en ecos juanramonjimenezcos de vigilia y santería. El dogmático recurso de elevar a lo divino su saber cotidiano más mundano desemboca en una plétora de paganismo irrisorio, sentido, y cercano que JoseMa Vidal sabe gestionar con pericidad para mostrar un repertorio rico y variado. No es necesario conocer a los modelos para entender que son fruto de la devoción particular a las relaciones familiares y personales del imaginario particular de JoseMa Vidal, que se emplata en un potaje rico en referencias y simbologismo mitológico de acuarela y policromía. Pero el artista es consecuente con su tiempo y sus experiencias fugaces, y eleva a los altares de la adoración popular la caduca estética particular errante de esos arcángeles urbanos en continua transición que le salen a la zaga en su periplo existencial, donde los personajes vagabundean belleza y atesoran reliquias secretas y estrafalarias. Jesús Reina Estévez   Rafael Chacón

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José M. López VidalVisitar su Instagram

Fecha del evento
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Hora
Martes a viernes De 11:00 a 13:30 y de 18:00 a 20:30 h. Sábados De 11:00 a 14:00 h. Lunes, domingos y festivos Cerrado
Dirección
Sala Rivadavia de la Diputación (Calle Presidente Rivadavia, 3).

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